¿Llegaremos a hablar con los animales?

 

La llegada de la IA ha revolucionado las expectativas de lograr una comunicación compleja con otras especies y permite analizar sus sonidos, movimientos y comportamientos con una precisión imposible para los humanos.

 

El pasado diciembre, el equipo de científicos Whale SETI sostuvo una conversación de 20 minutos con una ballena jorobada. El experimento, realizado en la costa de Alaska, consistió en reproducir llamadas de contacto de este animal a través de un altavoz submarino. Un ejemplar de 38 años, llamado Twain, se acercó y respondió con sus propias llamadas. La Dra. Brenda McCowan, de la Universidad de California Davis y autora principal del estudio, afirmó que este era el “primer intercambio comunicativo entre humanos y ballenas jorobadas en el ‘lenguaje’ jorobado”. O sea, sería la primera vez que los humanos logran “hablar balleno”.

La llegada de la IA y el machine learning (aprendizaje automático) han revolucionado las expectativas de lograr una comunicación compleja con otras especies. Estas tecnologías permiten a los expertos analizar sonidos, movimientos y comportamientos animales a una velocidad y con una precisión que sería imposible para los humanos. En el estudio del equipo de Whale SETI, por ejemplo, la tecnología fue esencial para poder decodificar y reproducir las llamadas de las ballenas. Se usaron equipos avanzados para escuchar y analizar las grabaciones de los sonidos de estos animales, lo que ayudó a los científicos a detectar patrones y diferencias en su comunicación, así como variaciones en el tono de sus llamadas y en la manera en que producen los sonidos.

 

Los límites del lenguaje

Mamen Hornos, lingüista y autora del libro Un cerebro lleno de palabras (Plataforma, 2024), cuestiona “si realmente es posible traducir el pensamiento entre especies”. Hornos argumenta que, aunque compartamos algunas experiencias de la realidad con otros animales, como podrían ser las relaciones causa-efecto o la orientación espacial, no sabemos si ellos pueden entender ideas humanas profundas. “Y también puede haber cosas importantes para los animales que nosotros no entendemos”.

La autora menciona el célebre aforismo del filósofo Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Esta idea sugiere que nuestra forma de ver y entender el mundo está muy conectada con nuestro lenguaje. En la comunicación entre humanos y animales, eso se traduce en que cada especie puede estar limitada por su propia percepción lingüística y conceptual del mundo. La comunicación inter-especies podría nunca ser completamente simétrica o total, ya que cada especie percibe y entiende el mundo a través de su propio “lente” lingüístico y cognitivo.

 

 

¿Cambiará nuestra relación con los animales?

Kate Armstrong afirma que uno de los grandes propósitos del proyecto Interspecies Internet es que una mayor comprensión del lenguaje de los animales contribuya a aumentar nuestra empatía hacia ellos. “Entender el lenguaje de las especies amenazadas puede proporcionar información valiosa para su conservación. Por ejemplo, saber lo que los animales comunican sobre sus amenazas o necesidades de apareamiento puede ayudar a los conservacionistas a tomar decisiones más informadas para proteger hábitats y especies”.

En 1977, una investigadora llamada Irene Pepperberg trabajó con un loro llamado Alex. Le enseñó más de 100 palabras, y además, Alex aprendió a reconocer formas, materiales y números. Incluso inventó una palabra nueva para decir “manzana” porque le costaba mucho decir “apple” (manzana en inglés) con su pico, que está hecho para romper nueces y semillas. La Dra. Pepperberg recordó después que las últimas palabras que Alex le dijo antes de morir en su jaula fueron: “Sé buena. Te quiero. Nos vemos mañana”.

 

J. M. Mulet, investigador científico, y autor del libro Comemos lo que somos (Ediciones Destino, 2023) afirma que, aunque en su momento hubo estudios “muy optimistas” que declararon haber logrado una comunicación compleja con animales, estos finalmente no convencieron a expertos en lenguaje. Cita el caso La gorila Koko, que fue entrenado por la psicóloga Francine Patterson. Se decía que Koko había aprendido más de 1.000 palabras en lenguaje de señas y podía tener conversaciones. Pero Mulet duda de si Koko realmente entendía que estaba usando un lenguaje nuevo.

 

Mulet señala que no es normal que si un chimpancé es consciente de tener un nuevo sistema de comunicación, no intente enseñárselo a otros chimpancés, ni formule ninguna pregunta”. De hecho, no existen pruebas de que algún animal no humano haya formulado una pregunta en el sentido en que los humanos entendemos y utilizamos las preguntas. ¿Llegaremos a hablar con los animales?

 

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